La transformación energética en el sector marítimo en el Mediterráneo.
Esta semana, tuve la oportunidad de participar en la sesión ‘Navigating Transformation in the Mediterranean Maritime Sector’, como vicepresidente segundo de la ANBE (Asociación Nacional por el Barco Eléctrico). El acto se enmarcaba dentro del ciclo de conferencias MedaLogistics, organizado por ASCAME (Asociación de Cámaras de Comercio e Industria del Mediterráneo), en el marco del SIL Barcelona 2025.
La sesión, moderada por Marilena Estarellas (gerente de la ANBE), contó con la participación de destacados profesionales como Adrià Jover (presidente de la IEMA – International Electric Marine Boating), Rosina Motilla (Legacy Project Manager de la Fundación Barcelona Capital Náutica) y Ralph Fakhoury (vicepresidente de Green Marine Services).
A lo largo de toda la sesión, desde mi visión basada en mi experiencia profesional en el ámbito de los puertos deportivos y comerciales, y especialmente a raíz de los proyectos que actualmente estoy desarrollando junto con la empresa Domini Energia, defendí una idea clara que, desde mi punto de vista, es fundamental y debería ser el eje central de cualquier estrategia de futuro para el sector náutico: si queremos que la transición energética en el sector de los puertos deportivos y comerciales sea una realidad a lo largo de la próxima década, y queremos que la flota pase de embarcaciones con motor de combustión a motores eléctricos, es imprescindible que los puertos y marinas asuman el liderazgo e inicien desde ahora mismo un proceso de transición energética para prepararse para el modelo energético que dominará en un futuro inmediato.
La clave es clara: la transformación no debe comenzar en el mar, sino en tierra firme.
Y es que esta transición energética no debe verse únicamente como un paso necesario para acoger, en un futuro próximo, embarcaciones eléctricas. El sector marítimo y portuario, al igual que otros sectores industriales del país, debe emprender su propia transición energética con el objetivo de generar una parte significativa de su propia energía mediante fuentes renovables, reducir la dependencia de la red eléctrica convencional y garantizar una estabilidad de costes en un escenario en el que la energía será cada vez más cara y menos predecible. Esta soberanía energética no solo los protegerá frente a las fluctuaciones del mercado, sino que además les otorgará una ventaja competitiva clave.
Ya que, si los puertos y marinas son capaces, en un corto espacio de tiempo, de generar, almacenar y gestionar su propia energía, y además lo hacen en colaboración con las empresas de su entorno mediante la creación de comunidades energéticas, el resultado será que el precio por kWh que podrán ofrecer será mucho más bajo y competitivo que el de la red eléctrica. Y eso lo cambia todo. Porque en ese momento, lo que ocurrirá no será solo que alimentar embarcaciones con electricidad será mucho más económico que utilizar gasóleo, como ya lo es ahora, sino que este hecho se convertirá en el factor económico clave y en el verdadero motor del cambio del sector, ya que convertirá los puertos y su entorno en verdaderos hubs energéticos. Esto proporcionará a los puertos una ventaja competitiva en términos económicos que, probablemente, también actuará como catalizador para el desarrollo definitivo de otros sectores, como la producción de hidrógeno verde, un vector energético cada vez más relevante, o de otros sectores económicos e industriales que, gracias a estas condiciones favorables, encuentren en este entorno una oportunidad real para implantarse, crecer o reinventarse.
De hecho, en el caso concreto del hidrógeno, disponer de un coste de la electricidad mucho más competitivo que en la actualidad haría que la producción de hidrógeno verde fuese mucho más viable y factible. Dado que su proceso de producción, a partir de la electrólisis del agua, depende fundamentalmente del precio de la electricidad, la disponibilidad de energía a un precio competitivo permitiría que la producción de hidrógeno en las zonas portuarias fuese más viable y rentable que en la actualidad, abriendo así la puerta al desarrollo de este sector en el ámbito industrial.
Por tanto, si los puertos y marinas son capaces de mirar más allá del horizonte inmediato y apuestan decididamente desde ya mismo por la producción de energía renovable, con independencia del número de embarcaciones eléctricas que actualmente haya en sus instalaciones, no solo estarán sentando las bases que les proporcionarán una ventaja competitiva en un futuro próximo y consolidarán su explotación económica, sino que además impulsarán el desarrollo de la industria del barco eléctrico, híbrido y de hidrógeno, y contribuirán a la construcción de un verdadero ecosistema industrial vinculado a la náutica sostenible.
Todo esto transmite un mensaje claro: hay que actuar ahora. Quien empiece primero, marcará el ritmo. Y esto ya no es solo una cuestión de sostenibilidad, sino de estrategia empresarial.
La transición energética debe llevarse a cabo ahora, no cuando la flota sea ya mayoritariamente eléctrica.